LOS MUERTOS SE ENTIERRAN DENTRO DE LA IGLESIA
Cementerio de San Gabriel - Carchi |
Iglesia de San Gabriel - Carchi |
El 16 de noviembre de 1813, el
cura de Tusa, Fray Agustín Valdospinos, escribe una extensa carta al Obispo de Quito, Dr. José Cuero y Caycedo, en la que da cuenta de la inquietud
de los moradores de este pueblo que no quieren enterrar a sus muertos en el
cementerio, sino en la iglesia, en la que siempre lo acostumbraron a realizar.
La carta es recibida en Quito el 20 del mismo mes y año.
El indígena León Guaspiramag,
aprovecho del momento en que se “sacaban electores de este pueblo para el
Ayuntamiento de Ibarra”, para oponerse a los entierros en el cementerio que se había establecido desde agosto de 1812, distante de la iglesia, con un campo
santo y capilla. Ningún poblador se había opuesto, pero hoy lo hace –dice el
párroco- este individuo y los demás lo apoyan, incluso diciendo que pondrán en
conocimiento de la autoridad en Quito. El reclamo lo hizo en presencia de don
Francisco Sarasti y el comisionado para la elección, don Miguel Narváez.
El cura del pueblo manifiesta que:
“Hace el espacio de año y cuatro meses
que he dado sepultura eclesiástica a los cadáveres sin distinción de persona
alguna en una Capilla situada en el mismo Cementerio resguardado por su buena
puerta” y sin que el pueblo haya reclamada nada.
Además, dice –el cura- bien es
sabido que hay cédula real que dice que se construyan cementerios fuera del
lugar para evitar enfermedades. “…según
la experiencia de los sabios Médicos: a más de todo esto. Esta Iglesia es muy
aseada, enladrillada, (pero) a causa de los entierros no tiene un ladrillo
sano; porque los que entierran no son Albañiles. Los Indios contaminados han
protestado no servirles al cura en sus necesarios, tampoco cuidar los bienes de
la Iglesia que siempre han cuidado desde que este Pueblo es Pueblo, y por esto
libres de mita y con el producto de sus bines han celebrado y celebran las
cuatro fiestas mandadas por el Soberano, sin costear ellos cosa alguna de su
parte en la Iglesia, sin duda que estos Indios se han desordenado apoyados del
dicho y otros mal cristianos extraños de este Pueblo, apoyadores del error
sembrando su maldita cizaña en los miserables simples y desviándoles del cumplimiento de sus
deberes”.
León Guaspiramag no se queda
quieto y llega Quito con varios sujetos a realizar una “exclamación” al señor obispo,
y en lo pertinente dice: “Que siendo
nosotros los que trabajamos muy voluntarios y sin resistencia alguna en los
servicios … en el Templo de este Pueblo muy fervorosamente en todo lo que se
ofrece y nos manda el venerable Padre Cura y ahora nos ha negado el Templo para
sepultar los muertos diciendo que su Ilustrísima tenía dejado orden a los
venerables curas de estos Pueblos, lo que estamos viendo que en los demás los
sepultan en la Iglesia y solo en este pueblo nos han negado enteramente la
sepultura en nuestra Iglesia lo que rendidamente suplicamos la benigna y
caritativa piedad”. Más adelante dicen, que si es lícito y costumbre que se
entierren afuera se haga una rebaja en los derechos de los entierros y si se
siguen pagando los derechos acostumbrados, que “seamos enterrados en la
iglesia”. Hacen “como una anticipación” de lo que pasará, cuando manifiestan; “… dicho pueblo se halla bastante apasionado
en esta causa siendo que llegará al estado que si se sigue esta acción nos
imaginamos no pagarán ni medio real de derechos pues el campo es solamente para
sepultar por caridad y aquellos pobres que no tienen particularmente de donde
pagar derechos …”.
Los reclamantes se quedaran
tranquilos si el Obispo les responde a su pedido en el sentido que sea en
derecho, porque así se han manifestado el Gobernador y tres principales del
pueblo: don Gaspar Puedmag, don Juan de Dios Puedmag, don José Guaspiramag, el
20 de noviembre de 1813.
El 22 del mismo mes fue
notificado el doctor don José Loza, cura de la parroquia de la Magdalena,
catedrático de Prima en Sagrada Teología de la Real y Pública Universidad de
esta Ciudad y Promotor Fiscal General del Obispado. Este fiscal, en su informe
dice: “Que el celebres Selvagio[1],
en sus antigüedades cristianas asegura que en los seis primeros siglos, ninguno,
ni aún los Emperadores … se sepultaban dentro de
la Iglesia, sino tan solamente a los Santos Mártires. Que desde el Concilio
Bracharence empezaron a ser inhumados dentro de los templos los Señores
Obispos: y que posteriormente se fue introduciendo la costumbre de sepultar en
ellas a todos los Fieles. Más a fines del siglo próximo pasado el Sabio Señor
Campomanes, hizo ver lo perjudicial que eran al Estado y a las poblaciones las
sepulturas dentro de las iglesias. De aquí es que Su Majestad ha expedido
repetida Cédula, ordenando se formen Osarios y Cementerios en cada población,
con una distancia proporcionada. Así es que en Lima el Excelentísimo Señor Abascal,
acabó de concluir un costosísimo y magnifico Panteón, de modo que en el día,
ningún cadáver se sepulta en Parroquia, ni Iglesia alguna: todos son conducidos
a ese Sepulcro común. Nuestra Quito estuvo afanada en hacer lo mismo; más allá
de la Alameda; pero ha quedado en solo proyecto.- De todo lo dicho se deduce
que el referido Padre Cura, se le deben dar las gracias por su tan noble celo
en este particular. Más como los Indios y demás Plebe ruda son demasiado y casi
supersticiosamente aficionados a las costumbres que observaron sus
progenitores; sería bien que a nombre de Vtra. Señoría Iltr. Se le hiciese
entender a esa Feligresía, por medio del Vicario Territorial u otro Eclesiástico
que ni las Almas de los que se sepultan en el Cementerio o Capilla que ha
formado el Padre Cura, carecen de los sufragios comunes; ni los cuerpos se
privan del honor y decoro debido. Que antes bien con este procedimiento, ha
consultado el Padre Cura, el aseo y decencia de su Iglesia: a la veneración que
se merece el Amo que en ella está Sacramentado a la Salud de la misma
feligresía que la preserva del contagio e infección; y al cumplimiento de las
geminadas Reales Disposiciones que hablan de este particular”. Este informe
está firmado en Quito el 23 de noviembre de 1813.
Con base a lo anterior, desde el
obispado se manifiesta: “Declaramos para
satisfacción de nuestros amados y bien queridos hijos del Pueblo de Tusa; que
siendo los Cementerios una parte formal de las Iglesias, tan sagrados como
ellas mismas, participan las almas de los Cadáveres que en ellos se sepultan de
todos los sufragios; misas, responsos, e iluminaciones que se hacen en el
Cuerpo Santo de la Iglesia y sobre cuyo particular deben aquietarse y
permanecer seguros, teniendo consideraciones a la práctica de los primeros
siglos de la Iglesia en los que eran sepultados en Cementerios Públicos los
cadáveres de los santos Apóstoles, Mártires invictos y confesores gloriosos.
Que estando a esta práctica se han exigido y se construyan en el día por
Cédulas Reales novísimamente comunicada, Cementerios públicos extramuros de las
ciudades como pueden informarse del que se estableció en Popayán, atado de la Capilla de Jesús y en la ciudad de Lima
uno muy brillante por el excelentísimo Señor Virrey Don José de Abascal: con la
prudente consideración de impedir que la corrupción por falta de ventilación de
los Fieles que se congregan en los templos día y noche para las funciones eclesiásticas
como son Misas. Sermones y Novenas: como así mismo embarazar el que con la
continua repetición de Sepulturas se pierdan los enladrillados y se alteran el
piso de las Santas Iglesias, dejando aparte las irreverencias que le irrogan a
la Casa del Señor los que excavan las Sepulturas y colocan en ellas los
cadáveres de muchas almas que clamaran en el infierno y ejecutaran blasfemias
al Dios justísimo que los condenó a pagar en el fuego los pecados de que no se
arrepintieron. Todo lo cual les hará presente el Reverendo Padre Cura
congregados en el Cementerio para que se aquieten y obedezcan al Rey Nuestro
Señor y a este su Prelado que los ama en Jesucristo”.
Este expediente puso fin a la
discusión y se ordenó que el documento se agregue a los Libros parroquiales
para que conste en todo tiempo. Se incluye en la disposición a los curatos del
Puntal, Cumbal y otros de igual naturaleza. Firma José Obispo de Quito, el 6 de
diciembre de 1813.
FUENTE: Libro de entierros desde 1814 hasta 1851.
Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves de Tusa. Despacho parroquial. Hoy San
Gabriel, cabecera cantonal de Montufar, Provincia del Carchi.
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