SIN SANTO DE DEVOCIÓN


No tengo santo de devoción -dijo Alejandro Robalino- tallador de santos, de 50 años de edad y dedicado toda la vida al mismo trabajo que lo empezó por ser hijo de ebanista. Luego se aficionó a las figuras de madera, sin aprender de maestro alguno, sino insistiendo en el trabajo, nos confiesa. Con el tiempo ha logrado una especialización propia para la talla y hace santos a pedido del cliente. Las copia de otras imágenes, de estampas o fotografías.

El trabajo es abundante en estatuillas y en ocasiones ha tallado crucifijos y santos en gran tamaño.  No toda la madera sirve para el trabajo; "unos sirven para hacer santos y otros para carbón", es el decir popular y, en efecto, se prefieren por sus cualidades, las maderas de cedro, nogal y laurel.

El tiempo ha cambiado mucho y parecería que la fe se ha terminado -dijo el maestro- pero no es así, hago cientos de imágenes para los hogares, especialmente niños dioses, que en cada navidad pueden ser unos trescientos.

La restauración, es otra de las actividades a las que se dedica. Es frecuente que, en las procesiones, los santos pierdan una mano, un pie o adorno -comenta don Alejandro-. Además, el continuo roce de las manos de los devotos con las imágenes y el paso del tiempo, envejece la pintura y se vuelve necesaria la participación del artesano.

En muchas iglesias de la provincia ha restaurado imágenes. El trabajo que realiza depende de la paga. Un buen trabajo cuesta -insiste- pero otros quieren un trabajo así no más, entonces los materiales y el trabajo cambian.

Imagino al tallador en un pedazo de cielo y aventajándole a San Pedro, porque por la puerta de su taller salen y entran infinidad de santos, vírgenes, beatos y hasta el mismo cristo en diferentes formas.

En la puerta llamando la atención a los transeúntes, está San Vicente que vino por una trompeta y calavera perdidas, no sé dónde; por un par de brazos acordes a su cuerpo y a rejuvenecer su rostro envejecido.

En un estante, se distingue a San Jacinto que sujeta una imagen con su brazo izquierdo. Al contorno del taller, crucifijos, vírgenes de varias advocaciones; San José, el Señor del Buen Suceso, el Corazón de Jesús, San Francisco, el Niño de Praga, el hermano Gregorio; esperan turno para ser restaurados o por sus "dueños" para ser retirados.

Don Alejandro Robalino seguirá tallando y construyendo una constelación propia, para en algún momento, presentar una exposición en la ciudad. Su trabajo vale la pena, así como el de tantos artesanos. Don Alejandro vive de los santos, pero no tiene santo de devoción más que su trabajo.

Riobamba, mayo 6 de 1987


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