TURISMO EN CHIMBORAZO
Quiero lanzar unas cuantas ideas que nos lleven a reflexionar sobre la importancia del turismo como una empresa vitalizadora de la cultura y la economía nacionales.
Quiero contarles, posiblemente, de las cosas que están quedando en el olvido, pero que pueden ser redescubiertas por nosotros y luego mostrarlas a los otros. Que sirva para valorar lo nuestro y sentir orgullo de hacerles partícipes a los demás.
La extinción de las especies, también ha llegado a la extinción en el lenguaje, porque ese patrimonio nuestro, que identifica aves, plantas, paisajes y fenómenos de la naturaleza o festejos y acontecimientos producidos por los seres humanos, ha cedido espacio a lo novedoso y extraño.
Las aves que vivían en nuestro entorno y que cada día están desapareciendo es extensa, pero para ejemplo diremos, que hemos perdido la pista a los tzutzos, chirotes, shirguis, wetzeg, shumpug, solitarios, ligles, jushcos, quilicos, guarros, y, ya mismo, también serán extraños los cuvivíes, curiquingues, cóndores, lechuzas, tucurpillas, torcazas, guiracchuros y quindes.
Han desaparecido de la memoria, muchas plantas; cinchona, guarango, milmil, cundurango, pumamaqui, colca, piquil, sachacapulí, canchalahua, achupallas, guicundos, cholán, valeriana, mora, mortiño, escorzonera y, ya mismo, chuquiragua, mellocos, ocas, mashuas, jícama, amaranto, quinoa, que tuvieron o tienen distintos usos en nuestra cultura.
Los sachacuyes, erizos, raposas, chucuris, zorros, venado puzho, cevicabra, cunus, yacupalos y jambatios se van sumando a la lista de los animales olvidados.
Los topónimos, que sonarán raros, si los lectores no son chimboracenses; Tzalarón, Naute, Nisag, Runci, Cuizi, Zangulí, Giza, Zezis, Ipo, Iquivíes, Yaloquis, Chuinibi, Macaxi, Chalán, Guarguallá, Olte, Chacabamba, Pistishi, Tuntatacto, Tunshi, también van postergándose.
Es el momento de poner un freno a la pérdida de lo nuestro. Es hora de resistir y recuperar. Tenemos tanto que mostrar y es hora de animarnos.
Chimborazo, adornada con la majestuosidad de sus montañas, tiene sus paisajes propios e inigualables, allí están el Chimborazo, Carihuairazo, Tungurahua, Capac-urcu, Cubillínes, Quilimas, y en sus páramos, quebradas y recovecos, seguirá apareciendo el cuichi con su multiplicidad de colores que como aureolo adorna a los cerros cuando la llovizna cae y, rayos y relámpagos, quebrarán el firmamento en el juego de las montañas.
Chimborazo ofrece ríos y lagunas; Atillo o Colay, Ozogoche, Pumapungu, Colta, San Francisco de Cacha, Naranjal, Rocón; la negra, amarilla, verde y un ciento más, están esperando en el páramo con su encanto y leyendas. Aguas tibias y calientas en Palitahua, Cunugyacu, Solterapogyo, Guayllabamba
La carta gastronómica ofrece una infinita producto del mestizaje. Aquí tenemos las combinaciones más espectaculares, cuando consumimos un menú, teniendo como componente principal el maíz. Nos sirven una sopa de pringa o cauca, un plato fuerte con fritadas, tostado, mote y papa; como postre, un quimbolito de harina de maíz, envuelto en hoja de achira, y de refresco, chicha de jora que se consigue con el maíz germinado.
Están por promocionarse los distintos sitios arqueológicos, monumentos, terrazas y construcciones agrícolas que son el fruto de antiguos florecimientos de culturas pre-incas. Yacimientos paleontológicos en donde se aprecian especies marinas gigantes petrificadas y que se distribuyen en nuestro territorio provincial.
Nuestra historia está contándonos una infinidad de hechos sobresalientes que permitieron la construcción de la patria. Por algo Cacha es la cuna de la nacionalidad ecuatoriana y Riobamba la primera capital de lo que luego se convirtió en Ecuador.
Aquí están, esos hechos en la memoria, las gestas de la independencia, el inicio del Ecuador como estado soberano, porque aquí nació el Ecuador. Están obras monumentales como el ferrocarril de Alfaro y la sobresaliente aventura de construcción e ingenio, denominada Nariz del Diablo. Y así mismo están las historias no contadas, las que son necesarias redescubrir; aquellos acontecimientos generados y defendidos por el pueblo llano y sencillo, por los campesinos e indígenas de nuestra provincia.
Múltiples ejemplos de la construcción de la época colonial tenemos en nuestra ciudad y de la construcción tradicional campesina en todos nuestros campos. La combinación de estilos y la utilidad de los diseños. El camino del Inca y el camino Real esperan ser recuperados con sus tambos y trojes.
Las artesanías primorosas, salidas de las manos de mujeres y hombres chimboracenses, que modelan la paja, cabuya, tagua, cuero, lata, barro, madera, bronce, oro y plata.
Nuestros Puruháes, en su necesidad de seguir manteniendo las huacas y los machay, tuvieron que aceptar el sincretismo con la religión impuesta y mantuvieron fiestas y celebraciones, para lo cual se crearon distintos personajes; fundadores, capitanes, priostes, danzantes, sacha-runas, curiquingues y más. Y nunca olvidaron sus romería para unir a la familia y el caserío y tener un pretexto para visitar a los santos de tantas advocaciones que se entregaron a cada uno de los pueblos; San Francisco de Penipe, San Lucas de Ilapo, San Andrés, San Luis, Santiago de Guanando, San Juan Evangelista de Chambo, San Juan Bautista de Punín, Santiago de Calpi, San Jerónimo de Cubijíes, San Luis de Guasuntos, Nuestra Señora de las Nieves de Pungalá, Inmaculada Concepción de Guano y San Pedro apadrino a Riobamba, Alausí, Licto y Licán, pueblos y ciudades en las que se han levantado iglesias y santuarios para honrar al santo patrono, dentro de un calendario inacabable de festejos.
El ritmo y tono de nuestra música salta en sanjuanes y sanjuanitos, carnavales, yaravíes, tonadas, yumbos; y la filosofía popular está presente en las coplas, loas, refranes y apodos.
Los instrumentos musicales son interpretados con maestría, y de rondadores, rondines, ocarinas, dulzainas y flautas, construidos con materiales que ofrece la naturaleza, afloran las mejores notas.
La actividad agropecuaria es uno de los filones por incluir en el turismo. La preparación del suelo desde la construcción de la talanquera, el desfonde con el guallmo, la arada con la yunta, las labores de manejo de cada cultivo hasta que los frutos estén para el consumo y cosechar con el canto del jaguay. Guardar la cosecha en el soberado para amainar los malos tiempos.
Los chalanes y chagras con su atuendo característico de zamarros, ponchos, bufandas y sombreros, hacen los rodeos en el páramo para marcar al ganado remontado o para bajar los toros bravos a la plaza del pueblo y torear con el poncho inseparable del campesino.
El turismo inicia con el ofrecimiento que hace la naturaleza y el ingenio creador del ser humano de todos sus tiempos, para acercarnos al disfrute pleno de lo maravilloso.
Riobamba, 2008

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