LA EXPEDICIÓN DE CRISTÓBAL DE TROYA DESDE LA VILLA DE IBARRA AL MAR DEL SUR
Apenas seis meses después de la fundación de la villa de Ibarra, ocurrida el 28 de septiembre de 1606, el Capitán Cristóbal de Troya Pinque, Corregidor y Justicia Mayor de la Villa de San Miguel de Ibarra, recibe el sábado 24 de marzo de 1607 una carta del Presidente de la Audiencia y Capitán General, el señor licenciado don Miguel de Ibarra, ordenándole que, a la brevedad posible, realice un viaje de reconocimiento del camino desde la villa al mar del Sur.
Con escasos cinco días de preparativos el Capitán Cristóbal de Troya se apresta a realizar un viaje. Estaban listos; la comitiva, veinte soldados, diez arcabuces y todos los pertrechos necesarios para esta travesía.
El jueves 29 salieron desde la villa y a medio día llegaron a las Salinas donde “hice noche”, manifiesta, para luego ir detallando en su informe, día a día, el derrotero con sus facilidades, dificultades y panorama más significativo.
Luego pasaron por Yambaquí, San Pedro y Señora de Guadalupe, hasta llegar a una antigua barbacoa. Hasta allí avanzaron en cabalgaduras y luego a pie por la montaña espesa y, en cada tramo, levantaron ranchos para dormir.
El viernes 6 de abril cruzaron el puente de bejucos de Lita sobre un caudaloso río. Llevaban cuerda encendida para los arcabuces tanto en la vanguardia como en la retaguardia, con centinelas y con mucho orden.
No se descuidó la parte religiosa, pues viajaban con un cura y al amparo del “Buen Aventurado San Isidoro”. El domingo de ramos oyeron misa y repartieron ramos, antes de retomar el viaje.
Siguen por los caminos viejos de la montaña y descansan en las barbacoas que encuentran y que marcan los descansos.
El miércoles 11 subieron a una loma y pudieron divisar algunos cerros pequeños que dicen “tolas” y allá, en la lejanía, la boca del río Santiago que entra al mar.
Continuaron otro día de viaje y pasaron por la barbacoa que dicen llamarse Guacal. Y al siguiente día por el río Tipulbí. A poca distancia encontraron a don Rafael, un indio de Quincholaquingo que había entrado adelante para juntar indios y construir balsas, ya tenía tres listas. El sábado siguieron en la labor hasta completar dieciséis.
Ya era Pascua de Resurrección, domingo 15, cuando se embarcaron en cada balsa dos personas, un arcabuz y pertrechos, alimentos y ropa, y se dejaron llevar por el río.
La orden fue, de seguir una detrás de la otra sin perderse de vista, así las ordenes podían venir de vanguardia o retaguardia para estar atentos a las dificultades.
A la una de la tarde se juntaron los balseros. En este punto el capitán Cristóbal de Troya junto al Alguacil Mayor Matías Sánchez, tomaron la vanguardia, dejando en la retaguardia a Diego Serrano y un soldado.
“El tercer día de pascua 17 del dicho mes nos tornamos a embarcar y con la orden referida comenzamos a “caminar” y a legua y media de haber caminado vino una voz de balsa en balsa en que me avisa la balsa de la retaguardia y hice alto porque la balsa de German González y de Diego de Solís estaban para perderse atravesadas en un palo y estaba debajo del agua y no se vía, pare y hice alto con toda la compañía aguardándoles a las tres horas”. Afortunadamente llegaron.
Más adelante, dice, entre otras cosas, el capitán Cristóbal de Troya: a la mano izquierda apareció “el rio de Cayapa llamado Tambi el cual entra tan caudaloso que se ensancha y hace este rio muy hermoso y grande. Pasé adelante y, como, a un cuarto de legua los indios (guías) llevaron mi balsa por una grandísima corriente natural que el rio hacía a la mano derecha en la cual estaba un palo debajo del agua que aun cuando fue visto y avisados para que los indios se apartasen de él, no lo quisieron hacer, siendo llevados por la gran corriente".
Dimos con la balsa en medio de río donde se quedó asida, la mitad debajo del agua y otra mitad encima y estando en esta congoja, perdido el bizcocho que llevaba en ella, pasó la balsa en que iba el padre Juan Cortés que me seguía.
Con mucha fuerza Jerónimo Floro le quita un canalete a un indio y pudo guiarla y esquivó la mía, pero pasó, muy cerca, tan ligero como un rayo sin poder reparar; dándome voces que dijese el credo.
Luego al mismo punto seguían otras balsas donde rema un negro de Alonso de Adame con su tropa y otros criados y la tropa del padre Cortes, la cual con la misma velocidad y furia dio sobre la mía donde estábamos asidos con el alguacil mayor Matías Sánchez.
Se perdió la ropa y comida de dicho padre Juan Cortés y el dicho alguacil mayor cayó entre las dos balsas debajo del agua y si yo no diera grandes voces a tiempo y fuerza que dios me dio, para que los indios le den la mano y le sacasen. Así lo hicieron, habiéndose dado el dicho alguacil mayor gran rato debajo del agua y habiendo bebido mucha de ella y lo mismo sucedió a un criado del dicho padre Juan Cortés que lo sacamos “medio ahogado”, así como a otro indio de los que conmigo estaban.
Después de ese peligroso suceso; exhaustos y asustados, se quedaron en el sitio para mudarse de ropa y dormir.
FUENTE:
Relación que hace el Capitán Cristóbal de Troya Pingue corregidor y justicia mayor de la villa de San Miguel de Ibarra para al señor licenciado Miguel de Ybarra presidente y capitán general de su distrito, del viaje y entrada que le mando hacer al mar, Archivo General de Indias, QUITO,27,N.4// ES.41091.AGI/21//QUITO,27,N.4



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