TEJEROS DE CHAMBO
Las tejas "tiernas" colocadas "boca abajo" se endurecen al sol. Al fondo del tendal un grupo de niños se esfuerza por cumplir su tarea. Diminutas manos queriendo levantar pesados ladrillos. Una niña, que apenas debe tener unos dos años de edad, arrastra un ladrillo con dificultad.
El sol hizo su parte, las tejas están endurecidas y es el momento de recogerlas para formar una "ruma" que se hace sobre un muro central. Se colocan las tejas a lado y lado, para mantenerlas firmes, luego se cubren con plásticos y tejas quemadas, para proteger de las posibles lluvias.
Hacer tejas es laborioso, así nos contó don Luís Díaz, que trabaja de tejero, desde los catorce años; ahora tiene 48 y no se queja, mejor en su sonrisa, se refleja la satisfacción de saber que ha colaborado para que mucha gente tenga un techo bajo el cual pueda guarecerse de las inclemencias del tiempo.
¡Cualquiera no hace tejas! Muchos hacen sólo ladrillos; otros, sólo tejas. Son pocos los que trabajan las dos cosas. Como dicen: "cada maestro con su librito", manifestó sonriendo don Lucho.
El barro tiene que ser muy fino, pasado por el afrechador. Se pone majada de ganado y se mezcla pisando con animales, que lentamente dan vueltas sobre la masa. Se recoge con palancones y nuevamente se sigue pisando por espacio de dos horas.
El trabajo se hace en las tardes y se deja reposar la masa hasta el día siguiente, para que adquiera el punto apropiado. Básicamente se utilizan tres herramientas; un molde de hierro, con el que se corta la lámina de barro a la medida, una regla para alisar y el galápago de madera para dar la forma definitiva de la teja.
"De un tercio de volqueta de tierra se consiguen unas 800 tejas, que es la tarea diaria para tres personas; uno que prepara el barro, otro que recorta y da el grosor con el molde y un tercero que "apara" o le da la forma definitiva a la teja, con ancho y punta para poder trabar en el entejado". Un horno, regularmente, carga 10 mil tejas, que se colocan en seis o siete "dagadas" (capas) sobre soportes de ladrillos, debajo de esta estructura se ponen las chamizas. Después de la última "dagada" se coloca más chamiza y se cubre con teja asada. La quema demora unas diez horas. En ese tiempo una persona se preocupa de no dejar apagar el fuego.
Las losas de cemento, las innovaciones impermeabilizantes, los asbestos, los plásticos, casi saturan el mercado, pero, no han podido sacar del medio a la teja que da un encanto solariego a la casa.
La tierra de Chambo tiene gran precio, tanto por que es apropiada para la fabricación de ladrillos, como para la producción agrícola.
Riobamba, septiembre 22 de 1984


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