LICTO: LA CAPILLA DE SAN NICOLÁS



Se llamaba Buenaventura Carguaitongo, un indio feligrés del pueblo de Licto y, además, síndico de la capilla del Glorioso San Nicolás de Bari. 

Don Buenaventura debió tener mucho dinero, porque en el año de 1854 mandó a construir una capilla para San Nicolás, en la que celebraban misas, lo que contribuyó a aumentar la devoción al santo, por lo que, en 1857, se “obligó”, por su voluntad, a edificar una nueva capilla, desde los cimientos. 

Esta promesa la realizó al cura del pueblo, Dr. Juan Herrera, y éste, a su vez, se comprometió a concluir la obra y “dejarla en estado de servicio”.

La construcción tenía las siguientes dimensiones: 25 varas de largo, 16 de ancho y una altura de 4 varas. 

En vista de que el cura no cumplió con su palabra, argumentando falta de dinero y porque le ha exigido, al síndico, que concluya la construcción de la nueva capilla, Carguaitongo se trasladó a Quito para denunciar al cura Herrera ante el arzobispo. El denunciante le pide al arzobispo que le obligue al cura a cumplir con su compromiso y, además, le dice: “… que los más de los indígenas llevamos algún tiempo sin cumplir con el precepto Pascual, porque el Sr. Cura no quiere confesarnos diciendo que no entiende nuestro idioma, y si los coadjutores van a confesar a los enfermos exigen paguen una peseta (dos reales) lo que jamás se ha observado”. 

El arzobispo ordena al Vicario de Riobamba, que haga conocer la denuncia al cura Herrera y se inicie un auto cabeza de proceso en contra de los coadjutores. 

El documento tiene la fecha de 18 de noviembre de 1862, y reposa en el Archivo Histórico de la Casa de la Cultura, Núcleo de Chimborazo.

FOTOGRAFÍA: Bayardo Ulloa Enríquez

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