MINAS DE PLATA “SAN ANTONIO DE CHIQUINQUIRÁ”

El 8 de junio de 1867, don Benjamín Chiriboga, eleva un pedido ante el Gobernador, para denunciar una mina en el sitio Cubillín de la hacienda Guayllabamba, parroquia de Chambo, porque “existe un mineral de plata y otros metales”.

La denuncia la realiza de acuerdo al artículo 14 de la Ley de Régimen Político, pidiendo licencia o título correspondiente.

El 12 de ese mes se admite la denuncia y se le autoriza según el reglamento correspondiente, artículo 13, relativo a minas, expedida por el Libertador de Colombia el 24 de octubre de 1829, que está en vigencia. Por lo tanto “se fijarán carteles por un mes en Chambo y Riobamba, comunicando la denuncia”. 

Se le informa que, en 90 días, “el interesado deberá tener hecho un pozo de vara y media de diámetro en la boca y 10 varas de profundidad”. Además, deberá remitir muestras del mineral al Supremo Gobierno por medio del Ministerio del Interior. Este expediente firma el Gobernador Dávalos.

En conocimiento de esta denuncia, aparecen otros interesados que hacen un pedido al gobernador de la provincia, y estos son: José Guillermo Rivera, de Quito, de profesión abogado, y, el “licteño” Agustín Rivadeneira y Guerra. Se incluye en la denuncia, a la madre María Delgado y sus hermanos; Francisco, Carlos, Ana, Trinidad, Edelmira, María Teresa, Josefa y Rosario.

Argumentan, los peticionarios, que la mina: “… por tradición general antes la trabajaba el Sr. Andrade (cuyo nombre se ignora) y que hace muchísimos años se halla abandonada. Dicha mina ha sido antes conocida como el nombre de Santa Cruz, que de hoy en adelante la denominaremos San Antonio de Chiquinquirá, hallándose ubicada en los términos de Chambo, dista de Chambo cuatro leguas hacia la Cordillera Oriental”.

El segundo peticionario manifiesta que tiene hecho un socavón de 40 o 60 varas en donde ha encontró vestigios de una antigua mina, en el que hay un empedrado del ancho del socavón que es en declive, con desaguaderos y puntales de madera, y, así mismo, tiene varios derrumbes por el tiempo, lo que no permite dar con las betas. Eso manifiesta Rivera que entró a la mina con más gente.

Al final, el 1 de julio de 1867 se les concede autorización a todos los peticionarios para que exploten las minas.

FUENTE: Archivo Histórico de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Benjamín Carrión, Núcleo de Chimborazo.
FOTOGRAFÍA: Diócesis de Riobamba.

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