¿QUE PASA CON LA CABUYA?

¿QUE PASA CON LA CABUYA?

"Yo nací aquí, me crié trabajando en la cabuya. El oficio lo aprendí de mis padres y ellos, de mis abuelos". Es la información de una madre de familia que combina las tareas del hogar con la obtención de fibra de cabuya. Nos brinda una mirada lánguida y una sonrisa de pocos dientes. Suda copiosamente. El sol pega fuerte.

Una niña muy pequeña nos mira recelosa y espanta, con dificultad, las moscas que pululan en un pedazo de pan duro que tiene en su mano.

Trabajar en la cabuya es fuerte, sacrificado y muy mal pagado. "Todo se lo lleva el intermediario".

En los posos de pudrición encontramos otra familia que con el agua sobre la cintura golpea y lava la fibra en medio de un hedor insoportable. "Esta es la vida del pobre, tenemos que buscar el medio como sea. Es lo único que sabemos hacer", dice la mujer más veterana.

Existen extensos sectores de las poblaciones de Ilapo, Guanando, Guano, San Gerardo, Pungalá y Cubijíes, en nuestra provincia y otros lugares de la patria con iguales condiciones ambientales, en los que su gente depende de la cosecha, desfibrada y manufacturación de la cabuya.

USOS DE LA CABUYA

A la cabuya se le han dado una gran cantidad de usos: jabón, leña, fijador de colores, blanqueador, tinte para el cabello, alimento humano y animal. Hilos, cordeles, lazos, trenzas, costales, hamacas, alpargatas, tapices, armaduras para construcciones, colchones e inmejorable en los cerramientos y linderos.

Son medicinales las raíces, las hojas, los bulbillos y las flores. Los bulbillos se los toma haciendo jarabes como depurativos, igualmente servían de alimento con las flores en encurtidos (cabuyo negro). La raíz usada como diurético y en lavatorios. Las hojas soasadas para curar traumatismos y quemaduras recientes.  

El zumo, sólo o con sal se creyó que era bueno para curar sarnas y los gusanos de las llagas del ganado. El residuo del desfibrado tiene buena cantidad de potasio, magnesio y calcio, constituyendo un buen abono.

Con los chaguarqueros se construye casi toda la casa, el gallinero, cobertizos para animales, chozas para cuidar las sementeras, escaleras y canales para conducir agua. Las pencas son utilizadas como tejas.

Para la pirotecnia, los castillos, los buscapiés, torpedos, tronantes y más fuegos artificiales, es necesaria la presencia de la cabuya.

En el interior del chaguarquero encontramos un tejido esponjoso, que en muchas partes se le conoce como yesca, que semiquemado se torna inflamable, habiendo servido para producir fuego con la chispa del eslabón. Mantiene la brasa para encender los voladores y cohetes de las fiestas populares.

HÁBITAT DE LA CABUYA

La cabuya es una planta rústica, casi sin exigencias, crece en los lugares en los que otras plantas se resisten a hacerlo. Prospera desde los 700 a 3000 metros de altura sobre el nivel del mar, con temperaturas de 16 a 20 grados centígrados. Sus raíces son profundas y favorecen para que no se produzca la erosión de los suelos.

La desertificación que sufre nuestra provincia es alarmante. Requiere de un interés especial de los organismos pertinentes para buscar soluciones.

PROBLEMA SOCIAL

Una relación ancestral existió entre el campesino interandino y la planta de cabuya. Lastimosamente muchas hectáreas se pierden por el ataque de una plaga (un Diaspidido), que al chupar la savia, seca en su totalidad la planta. Desde hace unos dos años y medio la plaga ha intensificado su ataque por falta de control.

Se está acabando la cabuya, nos volvemos, cada día, más dependientes de productos elaborados en el extranjero. Es conveniente que demos una mirada a nuestras posibilidades de abastecimiento de materia prima.

Existe falta de fomento y asesoramiento en el cultivo de la cabuya. No se han creado fuentes artesanales para ocupar la mano de obra del sector rural, que, actualmente, está subocupada o sobrando.  En poco tiempo tendremos más desocupados que se encaminarán a la ciudad.

Zonas que proveyeron de fibra en grandes cantidades, hoy, solo son arenales salpicados de pocas plantas de cabuya que están destinadas a morir.

¿A qué se dedicará esa enorme población cuando se termine la cabuya? -fue nuestra inquietud- con una conformidad que es incomprensible nos respondieron todos; "Ya Dios sabrá lo que hace".

Riobamba, abril, 24 de 1984


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Bayardo Ulloa Enríquez