¡VIVA LA BANDA PARA MAÑANA!

¡VIVA LA BANDA PARA MAÑANA!



Corría el año de 1975, cuando conversamos con un grupo de mireños; Alfredo Palacios Lara, Rigoberto Lara Canelos y Segundo Paredes Borja¹, y que con nostalgia recordaron los buenos tiempos pasados en que se bailaba día y noche, en el festejo de inocentes. Me dijeron que: "El baile se iniciaba a las dos de la tarde en la plaza pública y duraba hasta las siete u ocho de la noche, cuando la luz de la luna favorecía a los bailadores", ya que nuestro pueblo carecía del servicio de energía eléctrica. "Había personas que se ponían al frente como 'priostes' y organizaban el baile, incluso, corrían con una buena parte de los gastos. "El asunto, era empezar, el resto lo hacía el trago traído de Santa Ana", dijo, picarescamente, uno de los contertulios. La colaboración era manifiesta y las comisiones que se nombraban, siempre, cumplían eficientemente, con su cometido. Nada faltaba. Nada resultaba mal. El primer día, la banda, tocaba gratis y en los días siguientes había que pagarles 30 sucres por noche; valor fue subiendo paulatinamente. ¡Qué parejas!, de todo como en la viña del señor, así se dice en nuestro pueblo. Reyes, esclavos, blancos, negros, indios, novios, charros, chagras; una infinidad de ocurrencias, coloridas galas y extremada habilidad en los pases del baile. Se lucían los mejores vestidos adornados con oropeles y bambalinas. Se tomaba muy en serio el acto de disfrazarse para el baile. Las maquilladoras se esmeraban. Las damas lucían sus mejores galas y participaban de la fiesta. Nunca faltó quien obligado por las circunstancias tenga que participar vestido con ropas de mujer. El antifaz, la careta, las gafas o "antiparras" y el maquillaje, daban seguridad al disfrazado para salir a bailar en las fiestas de los santos inocentes hasta el día de reyes. Los más engalanados eran los capitanes o reyes, que dirigían el baile; con coronas y capas. Las parejas, que, por lo general, eran entre cuarenta o sesenta, debían seguir los pases que iniciaban los capitanes. Cruces, pasos especiales, mudanzas, estrellas y mil contorciones hechas en secuencia, daban gusto y diversidad al baile. El payaso y el negro; dos personajes importantes de la fiesta, hacían reír con sus ocurrencias y, además, abrían el espacio "la cancha" para que el público pueda mirar con tranquilidad el baile. A cada instante la bomba de mirones se aproximaba a las parejas de bailadores y allí el payaso o el negro estaban para detenerlos a raya en su sitio que les marcaron con tiempo. La música ecuatoriana tocada por la banda tiene una especial atracción, se le siente cristalina y profunda. Los San Juanes, las jotas, las bombas, pasacalles y hasta los pasillos son tocados para desafiar a los danzantes que lo bailan primorosamente, con gracia y soltura. El acompañamiento musical, parecía que duraba una eternidad. El baile de inocentes, es una fiesta para todos. Va desde la plaza pública a las esquinas en la que cruzan todos los caminos. Se instala el baile sin perjuicios, se actúa libremente, se participa mayoritariamente, como solo nuestro pueblo lo sabe hacer. El baile de inocentes se celebra en Mira desde el primero hasta el seis de enero, y cuando el calendario "favorecía", duraba hasta ocho días. Desde el 25 de diciembre, en nuestro pueblo, se observa una gama de acontecimientos tradicionales; religiosos y paganos. Todos, buenos pretextos para la juerga y la diversión. ¡Viva la banda para mañana! Irrumpe la voz del capitán; bailadores y público observador contestan sonoramente: ¡Viva la banda para mañana!

¹ Ambateño, residente en Mira desde 1958 hasta su fallecimiento.



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Bayardo Ulloa Enríquez