Jorge Medardo, no solamente, es un libro; Jorge Medardo es la demostración del amor de una madre a un ser extraordinario.
He leído las páginas de este libro con el sentimiento al borde de las lágrimas porque se trata de una remembranza que se sale de las letras y toca las fibras más íntimas, más todavía, cuando estos hechos son las vivencias de una persona muy cercana; mi sobrino Jorge Medardo.
El tiempo inexorable va pasando, y recién ahora, tengo el valor de poder escribir algunas frases sobre este libro recuerdo, libro compromiso y ejemplo.
Fue un 24 de julio de 2024, cuando en la Catedral de Latacunga, despedíamos a Jorge Medardo, y recordé que estuvo con nosotros 26 años 10 meses, tiempo en el que nos enseñó la humildad, la sencillez; a modelar el carácter, y, fundamentalmente, a mirar a los demás, que, siendo distintos, especiales, son seres humanos llenos de amor.
Hay tantos recuerdos, le decía, -aunque ya no me escuchaba-; cierro los ojos y vuelvo a mirarte en el mar, recibiendo apaciblemente las olas que llegan a tu cuerpo; te veo con tu caminar pausado, y aprecio tu mirada de ingenua claridad.
Recibo tus abrazos; el apretón de tus manos que me dijeron todo lo que sentías o lo que yo quería sentir.
Jorge Medardo nos dio compañía, nos entregó afecto en abrazos apretados y nos dio muchos, muchos besos.
Cuando yo llegaba a la casa de mi hermano Francisco, conociendo los hábitos de mi sobrino Jorge Medardo, siempre lo desafiaba ocupando su sillón favorito, su espacio inviolable, y, enseguida, llegaba a reclamarlo, primero sutilmente y luego desplazándome, poco a poco, hasta que me obligaba a abandonar el sillón y, pronto, aparecía una sonrisa de felicidad por su triunfo. En otras ocasiones, ya presentía que yo llegaba y Jorge Medardo ya estaba ocupando su lugar y sin dejarme opción para el desafío.
Te extrañaremos siempre y que tengas la paz que buscaba tu corazón, querido Jorge Medardo.
Raquel, esta madre valiente y abnegada, se entregó al cuidado y acompañamiento de su hijo. En las ocasiones que pudimos estar en su casa, o cuando nos visitaron, en nuestro natal Mira, fue visible su desbordante amor para Jorge Medardo.
Francisco; María Victoria y Francisco Jr.; por su parte, lo dieron todo, hicieron todo lo que un hijo y hermano, como Jorge Medardo, debía recibir. Siempre estuvieron atentos a sus requerimientos, porque fue el hijo y el hermano al que había que cuidar hasta el último día de su vida, y así lo cumplieron.
En el prefacio del Libro, Raquel Herrera Tapia, inicia con una estrofa de un pasillo; “Si tu mueres primero yo te prometo/ escribir la historia de nuestro amor,/ con toda el alma llena de sentimiento,/ la escribiré con sangre, con tinta sangre del corazón”, y continúa: “Al escuchar esos versos en la voz de Julio Jaramillo, solo viene a mi mente el amor que se les tiene a los hijos. Por eso, siento que debó contar la historia de mi hijo Jorge Medardo. Para reafirmar su existencia, para que su paso por este mundo deje un legado que perdure y para que su eco resuene en nuestras fibras íntimas. A veces, con tal de evitar el dolor, la mente parece querer volver etéreos los recuerdos, pero no deseo que sea así. Jorge es real”.
En cien páginas, Raquel Victoria Herrera Tapia, nos cuenta esta historia de amor dedicada a la memoria de su hijo.
Jorge Medardo es el título de la primera edición del libro, en un formato de 21 x 15 cm. Maquetación de la argentina Valeria Colella, y fotografía de tapa y contratapa de Francisco Ulloa Herrera. La impresión se concluyó el 28 de noviembre de 2025, en Quito, en Gráficas Iberia.
Es un libro para tenerlo como referencia del paso por la vida de estos seres extraordinarios.
Concluye la madre – autora del libro - con el siguiente párrafo: “Hoy comprendemos que Jorge vino a mostramos otra manera de mirar la vida, a recordarnos que la ternura también es una forma de saber. Su paso fue breve, pero pleno, y aunque su cuerpo ya no está, su presencia sigue en el árbol de guaba, en la música que suena al volver a casa y en la brisa que toca el rostro”.
Mira, 22 de julio de 2026


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