La preocupación del hombre por curar sus dolencias le obligaron a experimentar con una cantidad infinita de remedios. Los vegetales han proporcionado una buena cantidad de drogas que han servido para calmar los dolores y sanar afecciones.
Al momento, todavía, seguimos utilizando las hierbas con gran insistencia y obteniendo buenos resultados.
Muchas de las plantas que fueron utilizadas en la medicina natural del pasado deberían ser, nuevamente, rescatadas del olvido y analizadas para determinar su importancia.
El Cundur-ango, es una de las plantas milagrosas que logró ubicarse en un sitio de privilegio en el año de 1871. Se llegó a enviar cargamentos importantes al exterior.
Según un estudio de la época, realizado por el Dr. Honorato Chiriboga, manifiesta que cundurango significa, bejuco de cóndor. Entre la creencia de los quichuas está una en la que se dice que el cóndor antes de luchar con las culebras, come el cundurango para prevenir el efecto de la mordedura venenosa del reptil.
Chiriboga, dice que la planta pertenece a la familia de las Asclepiádeas, aproximándose mucho al género Periploca, o sea Pentandria digynia L. Existen numerosas especies. Las dos más utilizadas son: la amarilla o blanca y la prieta que se distinguen por la coloración de su leño. Otra variedad se distingue con el nombre de Cundurango de perro. También es frecuente que se la confunda con el Guaco (Huaco eupatomian o Mikania huaco).
Se lo encuentra en forma abundante en Malacatos y Vilcabamba. Es necesario recordar que, en Vilcabamba, en la montaña de Arutusinga fue donde se descubrió la cascarilla para remedio del paludismo.
La corteza del cundurango es utilizada, al igual que la cascarilla, por sus propiedades medicinales. Se usa en infusiones, en polvo, en extracto alcohólico u acuoso y en tintura. La corteza que se desprende con dificultad tiene un sabor amargo aromático y un olor balsámico que recuerda al capahibo.
Para extraer su principio activo procedían de la siguiente manera: "100 gramos de corteza en polvo grueso tratados por decocción en agua hasta agotarla, producen 23 gramos de extracto acuoso".
"El extracto acuoso de la corteza que da un 23 % se puede prescribir de 30 a 80 centígrados en las 24 horas; obtiénese con este mejor resultado que con el alcohólico. El extracto alcohólico que da 12 % se emplea en la misma dosis, así como en polvo".
"El alcoholato se ha usado en aplicaciones externas. Difícil ha sido poder encontrar un principio activo. Su acción es probablemente debida a la resina o al aceite aromático".
Es bueno contra "los mortíferos y asoladores miasmas que originan la multitud de fiebres palustres; y aún contra el azote de la humanidad, contra el que ni la más cruenta extirpación era segura contra el cáncer".
En 1870 el Jefe de Estado se preocupó de enviar alguna cantidad de Cundurango a los hospitales de Guayaquil para que se experimente.
Según un informe del hospital de Quito, el 5 de mayo de 1870 se informaba que: “En el último trimestre del presente año, más de 60 enfermos atacados de enfermedades diversas, pero reconociendo todas el elemento reumático, han sido curadas radicalmente con el Cundurango, como se curan también multitud de estados patológicos larvados de varias formas, estados patológicos, palustres que ceden con la misma seguridad a las preparaciones de quina. En las afecciones catarrales, en la gripe y en varias afecciones sifilíticas el Cundurango es un poderoso recurso, y presta servicio más pronto y más eficaz que la proclamada zarzaparrilla de Bristol, sin ninguno de sus inconvenientes".
El médico Chiriboga, que experimentó con la planta dice que tomando como infusión caliente en la dosis de 4 onzas produce un efecto igual al de los estimulantes difusibles. Las infusiones en que se utiliza de 8 a 12 gramos por 500 de agua producen diaforesis algo copiosa, activa la circulación y el pulso, acelera y activa la respiración sin vestigio de excitación cerebral, pasa la acción a los 20 minutos y se produce aumento de orina que toma la coloración e incluso el olor del bálsamo de la infusión.
Los pacientes débiles sufren diversos efectos a la acción de las infusiones concentradas. Se notan ligeras perturbaciones en la visión, vértigo, hormigueo, calor, temblor e insomnio y tendencia a la locura.
Posteriormente se abre el apetito, el bienestar y la reconstitución general. Regula las funciones de nutrición. Estimula el sistema glandular, depurando la sangre. Todos los órganos excretores se ponen en actividad, las glándulas salivales, sudoríficas y urinarias.
FUENTE: El Nacional. Nº 94 de 27 de septiembre de 1871.


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