“Tulcán en blanco y negro” es como ha titulado a su libro la arquitecta tulcaneña Flor María Cadena Erazo, poetisa, escritora, promotora cultural.
Tomamos sus palabras, con las que estamos en total acuerdo, y, diremos: “es una mujer soñadora y libre, amante del verso y la palabra, creyente en Dios, en la libertad de los pueblos, de la expresión y en el rescate del amor”.
Las fotografías del libro, corresponden al señor Jorge Cadena García; artista tulcaneño nacido en 1925, con una larga vida de 86 años y fallecido en la ciudad de Quito.
El libro abarca, gráficamente, a Tulcán en la memoria, las iglesias; La Catedral, San Francisco, La Dolorosa. Teatro Lemarie y hotel Granda, Biblioteca de Tulcán, Puente de Rumichaca, Cementerio de Tulcán, Aeropuerto, Rumichaca, Las carreras de autos. Cementerio José María Asael Franco, lo que rompe la trama urbana, Tulcán y su gente. Familias, Vida social, política de Tulcán, La solidaridad del pueblo, La minga, lo religioso, las protestas del 26 de mayo y fotos de archivo. Son 172 páginas en papel cuché, en un formato de 21 x 22 cm, pasta dura y cosido.
“En esta obra fotográfica de sitios y lugares añejos por el paso de los años no pretendo hablar de historia o de reconstruir los hechos del pasado, sino más bien ilustrar a través de la fotografía de Jorge Cadena García, la vida y costumbres e esta ciudad de antaño que no tiene fecha de fundación ni de independencia, porque nació libre, como el viento de páramo, que tiene sabor a poncho viejo o que sabe a pan caliente de la abuela, que sus calles frías, desnudas o dormidas guardan el secreto de citas y pecados de amores perdidos y la vida de hombres ilustres que aportaron al desarrollo histórico de este pueblo grande forjado en la minga y en el surco …”.
Si bien la publicación de este libro fue en el año 2014, su vigencia e importancia no pasarán nunca. Es una obra de consulta a la que debemos recurrir para mirar y admirar a nuestro Tulcán del ayer.
Concluimos esta nota con la sentida alegoría de nuestra amiga Flor María Cadena Erazo, dedicada a su ciudad:
“A Tulcán”.
Ciudad Andina, mariposa desnuda
flor nocturna, figura danzarina
mujer vestida con poncho de arco iris
que lleva en sus huellas alpargatas
tejidas en oro de sol y luna.
Socavón escondido de una cultura pasto
que va y viene cual viajero
misterioso que cabalga con el viento
por los caminos que ya no existen.
Mujer india que lleva en su vientre
al hombre milenario del maíz
que engendró en el tiempo, la alegría,
la esperanza del Cacique Colibrí.
Ciudad del campo Santo
donde los muertos tienen su mejor morada
ciudad de cúspide forjadas
por los surcos del arado
donde las noches estrelladas
besan y atrapan las tardes que se ocultan.
Ciudad de campanarios viejos
que pican y repican auroras solitarias
de nostalgia acumulada.
Ciudad de espacios, calles, ríos y quebradas
lluviosas, descalzas, alegres,
delirantes de sueños errantes,
que van anclando en la geografía, del silencio
para elevar sus mástiles y velas de un
barco de frontera llamada libertad.



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